Por: Dr. GUSTAVO ARAMBURU
En pocos días se cumplirán 120 años de la gesta la Revolución del Parque, el hito inicial de nuestra historia partidaria esta íntimamente vinculado a nuestra Ciudad.
El radicalismo capitalino supo dar dirigentes de la talla de Leonidas Anastasi, Giufra, Belnicoff, Rabanal, Sancerni Jimenez, Cattaneo, Pedro Bidegain, Zarriello, Liborio, Saguier, Osvaldo Benedetti, Arturo Mathov entre tantos otros.
Le toco asimismo conducir la Ciudad, cumpliendo muy buenas administraciones como la del citado Saguier, la de Facundo Suárez Lastra, la de De la Rua y la de Olivera.
Luego del 2001 persiste en un estado critico, no acompañando del todo la profunda resurgimiento que se da en nuestro partido en todo el país.
El radicalismo metropolitano, siempre fue un partido de poder y de gestión en la Ciudad, su militancia tiene un especial tinte prebendario, que asumo se agravo hacia 1983 hasta la fecha. Alejados del poder, la militancia radical se hizo ibarrista, telermanista, kirchnerista y macrista, a la par de quiénes partieron hacia experiencias como la de dos ex radicales como Lilita y Ricardo López Murphy que ofrecían mejores chances electorales que permanencer en la organicidad partidaria.
El radicalismo metropolitano sufre la diáspora en la lejanía del poder y parece que solo se encolumna tras la posibilidad de verlo cercano.
A este pecado digamos original, se unen circunstancias que no son tampoco menores, el internismo atroz que hace que en una interna vote mas gente que en la general, donde en una oportunidad peleamos codo a codo con Zulma Faid, en esa misma campaña los candidatos hacían sus actividades abandonados a su suerte.
Nuestros dirigentes tienen agenda nacional y pocas veces metropolitana o cercana a los intereses o preocupaciones cercanas a sus vecinos.
No es que la gente no escucha al radicalismo es que antes el radicalismo dejo de escuchar a la gente.
Hay radicales, los hay en clubes de barrio, en ONG, en colegios profesionales, en sindicatos, no solo dotarían al partido de una mayor militancia sino que brindarían un aporte temático y programático fundamental para los tiempos que vienen.
El macrismo nos robo los votos, y Pino nos robo el discurso, uno y otro son recuperables, apostando a una militancia comprometida con la reconstrucción y no solamente a la vidriera individual y ocasional de una elección.
La UCR metropolitana debe decidir entre la subsistencia o la recuperación que no son sinónimos, en la calle, auscultando la calle como solía decir Ricardo Balbín, metiéndonos en los temas que hacen a la cotidianeidad de sus vecinos.
El radicalismo metropolitano debe dejar de esperar el Mesías en cada evento electoral, debe salir a la calle y a la pelea política cotidiana haciendo suya la frase de Don Ricardo Balbín "Para los radicales el pueblo no es algo que se mire, se valore y se proteja como exterioridad; el pueblo somos nosotros mismos, esa totalidad que sufre y sueña, que protagoniza su quehacer y su destino en cuya entraña sentimos, pensamos y vivimos, sin retacear problemas colectivos”.
Hay en nuestra Ciudad gente sin techo que muere de frío, hay desalojos, hay contaminación ambiental, inseguridad, ineficiente transporte público, aulas sin gas, hay una ciudad que este neoconservadurismo ha dividido en dos a través de la Avenida Rivadavia. Radicales porteños ya es hora.
sábado, 17 de julio de 2010
Declaración del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical
El 3 de julio de 1933 fallecía Hipólito Yrigoyen; las calles de Buenos Aires nunca habían presenciado una manifestación más sincera y numerosa de compatriotas que salieron a despedir al líder radical. Habían pasado tres años de injusta ignominia, olvido y persecución por parte del Régimen de la Década Infame.No tuvo honores oficiales, ni días de luto, se amenazó a los empleados públicos para que no concurrieran a ese homenaje; sin embargo, el pueblo lo despidió de manera mayoritaria y muy emocionada.
El 12 de octubre de 1916, el Dr. Hipólito Yrigoyen había asumido como el primer presidente auténticamente elegido por la voluntad popular en nuestra historia. Su lucha no era nueva, venía de un cuarto de siglo de intransigencia y apostolado.
Hablar de Yrigoyen es necesariamente referirse a la Reforma Universitaria, a la creación de YPF y la nacionalización del petróleo; la jornada laboral de ocho horas, las primigenias leyes previsionales; la ley de arrendamientos agrícolas; el ferrocarril a Huaytiquina para generar una salida comercial hacia el Pacífico, etc. Yrigoyen es, también, la creación de 37 institutos secundarios y 12 escuelas de artes y oficios en la Capital. En el interior tres mil nuevas escuelas primarias.
Una población escolar en aumento constante, un analfabetismo que se reduce sensiblemente, el bachillerato nocturno, y la implantación definitiva del guardapolvo blanco como elemento igualador de los estudiantes argentinos.
“El gobierno no cederá ni un adarme de las riquezas públicas, ni cederá un ápice del dominio absoluto sobre ellas”, decía Yrigoyen. Este dirigente sí sabía de oligarquías y vendepatrias, los que le asestaron el golpe septembrino con olor a petróleo, y los que décadas después destruyeron la joya preciada de nuestra Argentina: YPF.
Cómo no evocar la figura de Yrigoyen ante la triste realidad de pueblos fantasma que nacieron con YPF como Tartagal, Cutral Co, Plaza Huincul, cuando alrededor de 200 mil argentinos viven en pueblos que crecieron en relación al establecimiento de una estación ferroviaria, pero que hoy quedaron aislados por el cierre de los distintos ramales del ferrocarril.
Ante una política plagada de frivolidad, del hedonismo exacerbado y los gastos suntuosos de gobernantes concupiscentes, cómo olvidar a Yrigoyen que donaba sus salarios tanto como docente así como Presidente de la Nación a la Sociedad de Beneficencia, para el Hospital de Niños y el asilo de niños. Lo hizo durante 32 años, 10 meses y quince días.
Cómo no recordar su humilde morada alquilada de la calle Brasil en el barrio de Constitución y sus sencillos muebles destrozados y arrasados por la turba luego del golpe septembrino. Cómo olvidar que fue injustamente encarcelado sin proceso judicial durante un año y tres meses en condiciones de indignidad para su alta investidura en la Isla Martín García.
Anciano y enfermo regresó a Buenos Aires para vivir de prestado en casa de una hermana, pues había perdido todos sus bienes a lo largo de su vida pública. Sufrió el destino común de otros ex presidentes radicales: fue burlado y vilipendiado por la prensa, fue víctima de la conspiración de los sectores del privilegio económico y la reacción política, que le quitaron todo lo que pudieron, salvo el amor de su pueblo, ya que al momento de su despedida, el pueblo estuvo junto a él acompañándolo a su última morada.
Al cumplirse un nuevo aniversario de su desaparición física, el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y el Instituto Nacional Yrigoyeneano (Ley Nº 26040) rinden tributo al constructor de la democracia social y constitucional; y reivindican su ejemplo y su obra como piedra angular sobre la cual los argentinos debemos seguir consolidando la República.
El 12 de octubre de 1916, el Dr. Hipólito Yrigoyen había asumido como el primer presidente auténticamente elegido por la voluntad popular en nuestra historia. Su lucha no era nueva, venía de un cuarto de siglo de intransigencia y apostolado.
Hablar de Yrigoyen es necesariamente referirse a la Reforma Universitaria, a la creación de YPF y la nacionalización del petróleo; la jornada laboral de ocho horas, las primigenias leyes previsionales; la ley de arrendamientos agrícolas; el ferrocarril a Huaytiquina para generar una salida comercial hacia el Pacífico, etc. Yrigoyen es, también, la creación de 37 institutos secundarios y 12 escuelas de artes y oficios en la Capital. En el interior tres mil nuevas escuelas primarias.
Una población escolar en aumento constante, un analfabetismo que se reduce sensiblemente, el bachillerato nocturno, y la implantación definitiva del guardapolvo blanco como elemento igualador de los estudiantes argentinos.
“El gobierno no cederá ni un adarme de las riquezas públicas, ni cederá un ápice del dominio absoluto sobre ellas”, decía Yrigoyen. Este dirigente sí sabía de oligarquías y vendepatrias, los que le asestaron el golpe septembrino con olor a petróleo, y los que décadas después destruyeron la joya preciada de nuestra Argentina: YPF.
Cómo no evocar la figura de Yrigoyen ante la triste realidad de pueblos fantasma que nacieron con YPF como Tartagal, Cutral Co, Plaza Huincul, cuando alrededor de 200 mil argentinos viven en pueblos que crecieron en relación al establecimiento de una estación ferroviaria, pero que hoy quedaron aislados por el cierre de los distintos ramales del ferrocarril.
Ante una política plagada de frivolidad, del hedonismo exacerbado y los gastos suntuosos de gobernantes concupiscentes, cómo olvidar a Yrigoyen que donaba sus salarios tanto como docente así como Presidente de la Nación a la Sociedad de Beneficencia, para el Hospital de Niños y el asilo de niños. Lo hizo durante 32 años, 10 meses y quince días.
Cómo no recordar su humilde morada alquilada de la calle Brasil en el barrio de Constitución y sus sencillos muebles destrozados y arrasados por la turba luego del golpe septembrino. Cómo olvidar que fue injustamente encarcelado sin proceso judicial durante un año y tres meses en condiciones de indignidad para su alta investidura en la Isla Martín García.
Anciano y enfermo regresó a Buenos Aires para vivir de prestado en casa de una hermana, pues había perdido todos sus bienes a lo largo de su vida pública. Sufrió el destino común de otros ex presidentes radicales: fue burlado y vilipendiado por la prensa, fue víctima de la conspiración de los sectores del privilegio económico y la reacción política, que le quitaron todo lo que pudieron, salvo el amor de su pueblo, ya que al momento de su despedida, el pueblo estuvo junto a él acompañándolo a su última morada.
Al cumplirse un nuevo aniversario de su desaparición física, el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical y el Instituto Nacional Yrigoyeneano (Ley Nº 26040) rinden tributo al constructor de la democracia social y constitucional; y reivindican su ejemplo y su obra como piedra angular sobre la cual los argentinos debemos seguir consolidando la República.
jueves, 1 de julio de 2010
“A DON LEANDRO N.ALEM”
En este tiempo tan particular que esta viviendo la Unión Cívica Radical, tiempo de definiciones, de razonamientos, de esclarecimiento, de fortificación, creo que el mejor homenaje que se le puede brindar a Don Leandro N. Alem, en este aniversario de su fallecimiento, es conocer, difundir y especialmente tratar de poner en práctica sus pensamientos.
Será la mejor manera de honrar a un hombre que con cada una de sus palabras, con cada uno de sus actos, ejercía docencia demostrando que era posible entrelazar la idea con la acción cuando el objetivo era preciso.
Extraemos de su discurso de asunción como Presidente de la Unión Cívica en el mes de abril de 1890, algunos párrafos que demuestran la profunda riqueza de su pensamiento y la exquisita manera de exponerlo. Ing. Mario Jaraz
Decía Don Leandro:
Sobre la importancia de presidir el partido:
“Se me ha nombrado presidente de la Unión Cívica, y podéis estar seguros que no he de omitir ni fatigas, ni esfuerzos, ni sacrificios, ni responsabilidad de ningún género para responder a la patriótica misión que se me ha confiado.”
“...Una vibración profunda conmueve todas mis fibras patrióticas al contemplar la resurrección del espíritu cívico en la heroica ciudad de Buenos Aires”
Sobre los porque de la lealtad:
“...Si señores, una felicitación al pueblo de las nobles tradiciones, que ha cumplido en hora tan infausta sus sagrados deberes. No es solamente el ejercicio de un derecho, no es solamente el cumplimiento de un deber cívico; es algo más, es la imperiosa exigencia de nuestra dignidad ultrajada, de nuestra personalidad abatida; es algo más todavía, señores, es el grito de ultratumba, es la voz airada de nuestros beneméritos mayores que nos piden cuenta del sagrado testamento cuyo cumplimiento nos encomendaron.”
Sobre el pueblo y su participación:
“La vida política en un pueblo marca la condición en que se encuentra, marca su nivel moral, marca el temple y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión. La vida política forma esas grandes agrupaciones que, llámeseles como éstas, populares, o llámeseles partidos políticos, son las que desenvuelven la personalidad del ciudadano, le dan conciencia de su derecho y el sentimiento de la solidaridad en los destinos comunes”
“Los grandes pueblos...son grandes por estas luchas activas, por este roce de opiniones, por este disentimiento perpetuo que es la ley de las democracias. Son esas luchas, esas nobles rivalidades de los partidos, las que engendran las buenas instituciones, las depuran en la discusión, las mejoran con reformas saludables, las vigorizan con entusiasmos generosos que nacen al calor de las fuerzas viriles de un pueblo.”
“Pero la vida política no puede hacerse sino donde hay libertad y donde impera la constitución...”
“...Cuando el ciudadano participa, da las impresiones de la vida política, se identifica con la patria, la ama profundamente, se glorifica con su gloria, llora con sus desastres y se siente obligado a defenderla porque en ella cifra las más nobles aspiraciones.” “¿Pero se entiende entre nosotros así, desde algún tiempo a esta parte...?”
Sobre la política:
“No hay, no puede haber buenas finanzas, donde no hay buena política. Buena política quiere decir: respeto a los derechos; buena política quiere decir: aplicación recta y correcta de las rentas públicas; buena política quiere decir: protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder; buena política quiere decir: exclusión de favoritos y de emisiones clandestinas.”
“Pero para hacer esta buena política se necesita grandes móviles, se necesita buena fe, honradez, nobles ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo...Pero con patriotismo se puede salir con la frente altiva, con la estimación de los conciudadanos, con la conciencia pura, limpia y tranquila, pero también con los bolsillos livianos...”
Pensamientos...ideas...para todos los tiempos...
Ser radical no es fácil...
Será la mejor manera de honrar a un hombre que con cada una de sus palabras, con cada uno de sus actos, ejercía docencia demostrando que era posible entrelazar la idea con la acción cuando el objetivo era preciso.
Extraemos de su discurso de asunción como Presidente de la Unión Cívica en el mes de abril de 1890, algunos párrafos que demuestran la profunda riqueza de su pensamiento y la exquisita manera de exponerlo. Ing. Mario Jaraz
Decía Don Leandro:
Sobre la importancia de presidir el partido:
“Se me ha nombrado presidente de la Unión Cívica, y podéis estar seguros que no he de omitir ni fatigas, ni esfuerzos, ni sacrificios, ni responsabilidad de ningún género para responder a la patriótica misión que se me ha confiado.”
“...Una vibración profunda conmueve todas mis fibras patrióticas al contemplar la resurrección del espíritu cívico en la heroica ciudad de Buenos Aires”
Sobre los porque de la lealtad:
“...Si señores, una felicitación al pueblo de las nobles tradiciones, que ha cumplido en hora tan infausta sus sagrados deberes. No es solamente el ejercicio de un derecho, no es solamente el cumplimiento de un deber cívico; es algo más, es la imperiosa exigencia de nuestra dignidad ultrajada, de nuestra personalidad abatida; es algo más todavía, señores, es el grito de ultratumba, es la voz airada de nuestros beneméritos mayores que nos piden cuenta del sagrado testamento cuyo cumplimiento nos encomendaron.”
Sobre el pueblo y su participación:
“La vida política en un pueblo marca la condición en que se encuentra, marca su nivel moral, marca el temple y la energía de su carácter. El pueblo donde no hay vida política es un pueblo corrompido y en decadencia, o es víctima de una brutal opresión. La vida política forma esas grandes agrupaciones que, llámeseles como éstas, populares, o llámeseles partidos políticos, son las que desenvuelven la personalidad del ciudadano, le dan conciencia de su derecho y el sentimiento de la solidaridad en los destinos comunes”
“Los grandes pueblos...son grandes por estas luchas activas, por este roce de opiniones, por este disentimiento perpetuo que es la ley de las democracias. Son esas luchas, esas nobles rivalidades de los partidos, las que engendran las buenas instituciones, las depuran en la discusión, las mejoran con reformas saludables, las vigorizan con entusiasmos generosos que nacen al calor de las fuerzas viriles de un pueblo.”
“Pero la vida política no puede hacerse sino donde hay libertad y donde impera la constitución...”
“...Cuando el ciudadano participa, da las impresiones de la vida política, se identifica con la patria, la ama profundamente, se glorifica con su gloria, llora con sus desastres y se siente obligado a defenderla porque en ella cifra las más nobles aspiraciones.” “¿Pero se entiende entre nosotros así, desde algún tiempo a esta parte...?”
Sobre la política:
“No hay, no puede haber buenas finanzas, donde no hay buena política. Buena política quiere decir: respeto a los derechos; buena política quiere decir: aplicación recta y correcta de las rentas públicas; buena política quiere decir: protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder; buena política quiere decir: exclusión de favoritos y de emisiones clandestinas.”
“Pero para hacer esta buena política se necesita grandes móviles, se necesita buena fe, honradez, nobles ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo...Pero con patriotismo se puede salir con la frente altiva, con la estimación de los conciudadanos, con la conciencia pura, limpia y tranquila, pero también con los bolsillos livianos...”
Pensamientos...ideas...para todos los tiempos...
Ser radical no es fácil...
martes, 29 de junio de 2010
ALFONSIN ADELANTA SU CARRERA
"Publicado en el diario Página 12"
EN AGOSTO LANZARA EL MOVIMIENTO DE RENOVACION FEDERAL (MOREFE)
En la puja interna con el cobismo, el diputado Ricardo Alfonsín prepara un “gran acto” para presentar la línea política que impulsará su candidatura en la UCR. Con apoyo del Grupo Rosario, intentará sostener el acuerdo con la Coalición Cívica y el socialismo.
Por Sebastian Abrevaya
En pleno Mundial de Fútbol, el radicalismo desató la pelea por la candidatura presidencial que se definirá en internas abiertas el año próximo. Después de que Julio Cobos reagrupara a su tropa la semana pasada para redefinir y relanzar su campaña como precandidato, el diputado bonaerense Ricardo Alfonsín prepara para los primeros días de agosto un “gran acto” de lanzamiento de la línea política que impulsará su candidatura. Se trata de la fundación del Movimiento de Renovación Federal (Morefe), un espacio dentro de la UCR liderado por los miembros del Grupo Rosario, Gerardo Morales, Angel Rozas, Mario Negri, Ricardo Gil Lavedra, y al que le sumarán otros dirigentes nacionales que empezaron a migrar del cobismo hacia las estructuras orgánicas del partido.
El Morefe apuntará a reflotar la alianza con la Coalición Cívica de Elisa Carrió y mantener la sociedad con el Partido Socialista, que dieron origen en 2009, junto al GEN de Margarita Stolbizer, al Acuerdo Cívico y Social. Después de derrotar a Cobos en la interna radical de la provincia de Buenos Aires, Alfonsín se consolidó como el hombre capaz de liderar la alternativa no cobista del radicalismo. Por ese motivo, el vicepresidente de la Cámara de Diputados será uno de los oradores centrales del acto, quien –tal como publicó Página/12– iniciará después una “recorrida para sumar” por los comités y ciudades de todo el país. En el acto hará eje en tres temas: educación y salud; economía, subsidios y energía; y por último, seguridad y políticas sociales. Uno de los objetivos del diputado bonaerense es armar equipos de trabajo para mostrarse como una alternativa de gobierno sólida de cara a las internas abiertas de 2011.
Los pilares del acto de agosto serán Morales, Rozas y Alfonsín. Hasta ahora, los organizadores no definieron si se realizará en la provincia de Buenos Aires o en Córdoba. La ubicación dependerá, en gran medida, de cómo avancen las conversaciones con algunos dirigentes importantes de la política cordobesa, a los que el alfonsinismo busca integrar en su espacio. Después de ganar la interna bonaerense y quedarse también con el Comité Capital, el Morefe quiere pisar fuerte en la Docta, donde hasta ahora hay una mayoría cobista comandada por el presidente del bloque de Diputados, Oscar Aguad. Sin embargo, operadores del Morefe relataban que Aguad no cuenta con estructura propia, sino que obtuvo el apoyo de Miguel Nicolás y el senador Ramón Mestre –hijo del ex gobernador– en las últimas elecciones. De la relación con Mestre dependerá que el acto se realice allí o en tierra alfonsinista.
Entre los dirigentes que formarán parte del Morefe se encuentra un nutrido grupo de diputados, integrado por Atilio Benedetti (Entre Ríos), Miguel Giubergia (Jujuy), Eduardo Costa (Santa Cruz), Ulises Forte (La Pampa), Pablo Orsolini (Chaco), Sandra Rioboo, María Luisa Storani y Juan Pedro Tunessi (Buenos Aires), Ricardo Gil Lavedra (Capital Federal), entre otros. Un grupo, más reducido, de senadores conformado por Morales, Alfredo Martínez (Santa Cruz), Arturo Vera (Entre Ríos) y Luis Petcoff Naidenoff (Formosa).
El nombre del espacio toma sentido en el histórico “movimiento de renovación y cambio” fundado en 1972 bajo el liderazgo del ex presidente Raúl Alfonsín y el grupo de “los federales” representado por dirigentes del interior del país que en su momento se enfrentaban a la histórica Junta Coordinadora Nacional, integrada por Leopoldo Moreau, Federico Storani y Enrique “Coti” Nosiglia, quienes venían predominantemente de la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal. En este caso, el hijo del ex presidente representaría parte de la mística de aquel “renovación y cambio”, mientras que el jujeño Morales y el chaqueño Rozas representarían a aquellos “federales” que desde los ’90 ejercían el poder de los bloques radicales en el Congreso. El nombre había sido esbozado antes de conformarse el Grupo Rosario, en alusión al grupo de dirigentes que se juntaron en esa ciudad santafesina para encarar unidos la renovación de autoridades nacionales concretada el año pasado.
EN AGOSTO LANZARA EL MOVIMIENTO DE RENOVACION FEDERAL (MOREFE)
En la puja interna con el cobismo, el diputado Ricardo Alfonsín prepara un “gran acto” para presentar la línea política que impulsará su candidatura en la UCR. Con apoyo del Grupo Rosario, intentará sostener el acuerdo con la Coalición Cívica y el socialismo.
Por Sebastian Abrevaya
En pleno Mundial de Fútbol, el radicalismo desató la pelea por la candidatura presidencial que se definirá en internas abiertas el año próximo. Después de que Julio Cobos reagrupara a su tropa la semana pasada para redefinir y relanzar su campaña como precandidato, el diputado bonaerense Ricardo Alfonsín prepara para los primeros días de agosto un “gran acto” de lanzamiento de la línea política que impulsará su candidatura. Se trata de la fundación del Movimiento de Renovación Federal (Morefe), un espacio dentro de la UCR liderado por los miembros del Grupo Rosario, Gerardo Morales, Angel Rozas, Mario Negri, Ricardo Gil Lavedra, y al que le sumarán otros dirigentes nacionales que empezaron a migrar del cobismo hacia las estructuras orgánicas del partido.
El Morefe apuntará a reflotar la alianza con la Coalición Cívica de Elisa Carrió y mantener la sociedad con el Partido Socialista, que dieron origen en 2009, junto al GEN de Margarita Stolbizer, al Acuerdo Cívico y Social. Después de derrotar a Cobos en la interna radical de la provincia de Buenos Aires, Alfonsín se consolidó como el hombre capaz de liderar la alternativa no cobista del radicalismo. Por ese motivo, el vicepresidente de la Cámara de Diputados será uno de los oradores centrales del acto, quien –tal como publicó Página/12– iniciará después una “recorrida para sumar” por los comités y ciudades de todo el país. En el acto hará eje en tres temas: educación y salud; economía, subsidios y energía; y por último, seguridad y políticas sociales. Uno de los objetivos del diputado bonaerense es armar equipos de trabajo para mostrarse como una alternativa de gobierno sólida de cara a las internas abiertas de 2011.
Los pilares del acto de agosto serán Morales, Rozas y Alfonsín. Hasta ahora, los organizadores no definieron si se realizará en la provincia de Buenos Aires o en Córdoba. La ubicación dependerá, en gran medida, de cómo avancen las conversaciones con algunos dirigentes importantes de la política cordobesa, a los que el alfonsinismo busca integrar en su espacio. Después de ganar la interna bonaerense y quedarse también con el Comité Capital, el Morefe quiere pisar fuerte en la Docta, donde hasta ahora hay una mayoría cobista comandada por el presidente del bloque de Diputados, Oscar Aguad. Sin embargo, operadores del Morefe relataban que Aguad no cuenta con estructura propia, sino que obtuvo el apoyo de Miguel Nicolás y el senador Ramón Mestre –hijo del ex gobernador– en las últimas elecciones. De la relación con Mestre dependerá que el acto se realice allí o en tierra alfonsinista.
Entre los dirigentes que formarán parte del Morefe se encuentra un nutrido grupo de diputados, integrado por Atilio Benedetti (Entre Ríos), Miguel Giubergia (Jujuy), Eduardo Costa (Santa Cruz), Ulises Forte (La Pampa), Pablo Orsolini (Chaco), Sandra Rioboo, María Luisa Storani y Juan Pedro Tunessi (Buenos Aires), Ricardo Gil Lavedra (Capital Federal), entre otros. Un grupo, más reducido, de senadores conformado por Morales, Alfredo Martínez (Santa Cruz), Arturo Vera (Entre Ríos) y Luis Petcoff Naidenoff (Formosa).
El nombre del espacio toma sentido en el histórico “movimiento de renovación y cambio” fundado en 1972 bajo el liderazgo del ex presidente Raúl Alfonsín y el grupo de “los federales” representado por dirigentes del interior del país que en su momento se enfrentaban a la histórica Junta Coordinadora Nacional, integrada por Leopoldo Moreau, Federico Storani y Enrique “Coti” Nosiglia, quienes venían predominantemente de la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal. En este caso, el hijo del ex presidente representaría parte de la mística de aquel “renovación y cambio”, mientras que el jujeño Morales y el chaqueño Rozas representarían a aquellos “federales” que desde los ’90 ejercían el poder de los bloques radicales en el Congreso. El nombre había sido esbozado antes de conformarse el Grupo Rosario, en alusión al grupo de dirigentes que se juntaron en esa ciudad santafesina para encarar unidos la renovación de autoridades nacionales concretada el año pasado.
UN GOLPE INFAMANTE DE LAS MULTINACIONALES
El presente escrito fue recibido gracias a una gentileza de la Sra. Marta Schvarzstein de la localidad de Paso de los Libres - Corrientes - a quien solicitamos las correspondientes disculpas por publicarlo.
EL 28 de Junio se cumple un aniversario más del Golpe Infamante que los Fascistas dieran al Gobierno del Presidente Arturo U. Illia (Unión Cívica Radical), fue un 28 de Junio de 1966.-
De que vale nombrar a los autores materiales del Golpe, si solo fueron instrumentos o mejor dicho “peleles” de las Multinacionales que se vieron “perjudicadas”, con las políticas de Estado asumidas por el Gobierno Constitucional en defensa de la soberanía económica e interés del pueblo Argentino.-
A Don Arturo U. Illa no le perdonaron que exigiera a los Laboratorios (a través del DECRETO Nº 3042 / 1965); calidad de los medicamentos (es decir los medicamentos estaban fraguados y no tenían las drogas que decían las etiquetas) y que a través de una declaración jurada dijeran las drogas y cantidades que componían cada uno de los medicamentos y el costo de fabricación de los mismos (ya que un medicamento, cuyo costo de fabricación era $ 1.- se vendía a $50 o $100), La sanción sería el cierre del Laboratorio y la prohibición de venta en el país.-
En seis (6) meses ningún Laboratorio presento la declaración jurada exigida.
Esta fue la gota que rebalso el vaso, además no podían digerir la rescisión de los contratos petroleros a las empresas de origen Norteamericano en Noviembre de 1963.-
Sancionó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil, mejoró el ingreso de los asalariados, hubo mayor empleo y el P.B.I. creció el 21%, Subvencionó la cosecha de trigo, por lo que ese producto fue competitivo en el mercado mundial. Alentó el nacimiento de diversos tipos de Cooperativas y crecieron especialmente las de Créditos. El mundo financiero (Bancario) no le perdonó que se entrometiera en sus intereses, suscitaba odio estas políticas de soberanía económicas aplicada y ejercida por el Presidente Arturo Illa.-
Ante, estas políticas aplicadas, los Laboratorios y las empresas extranjeras “perjudicadas” jugaron su última carta dentro de la legalidad, coaccionaron al Gobierno Argentino a través del Club de París.-
El Gobierno Argentino de Facto (Revolución Libertadora 1955 - Leonardi – Aramburu) había tomado un crédito, de éste Club, el que había sido refinanciado en el año 1956 por el Presidente de Facto General Aramburu, dicha refinanciación finalizaba durante su Gobierno. El país le debía 70 millones de dólares. El Club de París estaba integrado por 9 países: Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Francia, Japón, Holanda, Bélgica, Alemania, Suiza; en el Convenio de refinanciación que había firmado Aramburu se establecía que si uno solo de los 9 países se oponían a una modificación del convenio el mismo no se podía modificar.
Fue el Gobierno Suizo – para sorpresa - (el que tenía el crédito menor) el que no estuvo de acuerdo que se nos refinanciara la deuda ya que con anterioridad habían exigido que se dejaran sin efecto el Decreto que exigía el costo y la calidad de los medicamentos, ya que afectaba a los Laboratorios, no se subvencionara la producción agrícola y se desalentara la proliferación de Cooperativa específicamente las de créditos, a cambio ellos prestaban su conformidad. Pero como el Gobierno Argentino, no permitió ser chantajeado se retiro de las negociaciones y el Presidente ordenó que si no se refinanciaba la deuda se pagara los 70 millones de pesos. En ese momento la Argentina estaba en condiciones de pagar la deuda externa que tenía. El peso argentino era una moneda fuerte se había revalorizado. (pero el pago total ponía en riesgo de iliquidez el sistema financiero interno). Pero al ver la postura intransigente del gobierno argentino, los restantes países decidieron refinanciar la deuda, haciendo caso omiso a la cláusula.-
La suerte del Gobierno estaba echada, el Club de Paris, no le perdonaría tal osadía. El Golpe maduró y ya habían encontrado a los esbirros que materializaría la violación constitucional.-
. A los 10 días de asumir la Presidencia del País el Fascista de Onganía, se eliminó el Decreto que afectaba a los Laboratorios, y se continuo vendiendo porquerías en los medicamentos a los cobayos argentinos.- inmediatamente se solicito un nuevo Crédito, endeudando más a la argentina, y cumpliendo expresas instrucciones de sus mandantes persiguió a los Científicos y mentes lúcidas (La noche de los Bastones Largos).-
Don Arturo U. ILLA, el gobernante que logró las mejores cifras de crecimiento argentino hasta ese momento, el nacionalista que se opuso a la requisitoria norteamericana de enviar tropas a la República Dominicana, un demócrata ejemplar, el defensor de la cultura y la autonomía Universitaria, que fueron a su caída, pisoteadas por los vándalos, el gobernante austero que a su muerte el único bien que tenía era su casa regalada por sus pacientes en Cruz del Eje, no contaba con automóvil, ni con cuentas bancarias. Su conducta moral, debería ser ejemplo a todos los funcionarios públicos. Cuando lo derrocaron salió con los bolsillos livianos.-
UN ABRAZO.-
FERNANDO GENESINI
Militante Radical (ex Concejal de Posadas)
EL 28 de Junio se cumple un aniversario más del Golpe Infamante que los Fascistas dieran al Gobierno del Presidente Arturo U. Illia (Unión Cívica Radical), fue un 28 de Junio de 1966.-
De que vale nombrar a los autores materiales del Golpe, si solo fueron instrumentos o mejor dicho “peleles” de las Multinacionales que se vieron “perjudicadas”, con las políticas de Estado asumidas por el Gobierno Constitucional en defensa de la soberanía económica e interés del pueblo Argentino.-
A Don Arturo U. Illa no le perdonaron que exigiera a los Laboratorios (a través del DECRETO Nº 3042 / 1965); calidad de los medicamentos (es decir los medicamentos estaban fraguados y no tenían las drogas que decían las etiquetas) y que a través de una declaración jurada dijeran las drogas y cantidades que componían cada uno de los medicamentos y el costo de fabricación de los mismos (ya que un medicamento, cuyo costo de fabricación era $ 1.- se vendía a $50 o $100), La sanción sería el cierre del Laboratorio y la prohibición de venta en el país.-
En seis (6) meses ningún Laboratorio presento la declaración jurada exigida.
Esta fue la gota que rebalso el vaso, además no podían digerir la rescisión de los contratos petroleros a las empresas de origen Norteamericano en Noviembre de 1963.-
Sancionó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil, mejoró el ingreso de los asalariados, hubo mayor empleo y el P.B.I. creció el 21%, Subvencionó la cosecha de trigo, por lo que ese producto fue competitivo en el mercado mundial. Alentó el nacimiento de diversos tipos de Cooperativas y crecieron especialmente las de Créditos. El mundo financiero (Bancario) no le perdonó que se entrometiera en sus intereses, suscitaba odio estas políticas de soberanía económicas aplicada y ejercida por el Presidente Arturo Illa.-
Ante, estas políticas aplicadas, los Laboratorios y las empresas extranjeras “perjudicadas” jugaron su última carta dentro de la legalidad, coaccionaron al Gobierno Argentino a través del Club de París.-
El Gobierno Argentino de Facto (Revolución Libertadora 1955 - Leonardi – Aramburu) había tomado un crédito, de éste Club, el que había sido refinanciado en el año 1956 por el Presidente de Facto General Aramburu, dicha refinanciación finalizaba durante su Gobierno. El país le debía 70 millones de dólares. El Club de París estaba integrado por 9 países: Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Francia, Japón, Holanda, Bélgica, Alemania, Suiza; en el Convenio de refinanciación que había firmado Aramburu se establecía que si uno solo de los 9 países se oponían a una modificación del convenio el mismo no se podía modificar.
Fue el Gobierno Suizo – para sorpresa - (el que tenía el crédito menor) el que no estuvo de acuerdo que se nos refinanciara la deuda ya que con anterioridad habían exigido que se dejaran sin efecto el Decreto que exigía el costo y la calidad de los medicamentos, ya que afectaba a los Laboratorios, no se subvencionara la producción agrícola y se desalentara la proliferación de Cooperativa específicamente las de créditos, a cambio ellos prestaban su conformidad. Pero como el Gobierno Argentino, no permitió ser chantajeado se retiro de las negociaciones y el Presidente ordenó que si no se refinanciaba la deuda se pagara los 70 millones de pesos. En ese momento la Argentina estaba en condiciones de pagar la deuda externa que tenía. El peso argentino era una moneda fuerte se había revalorizado. (pero el pago total ponía en riesgo de iliquidez el sistema financiero interno). Pero al ver la postura intransigente del gobierno argentino, los restantes países decidieron refinanciar la deuda, haciendo caso omiso a la cláusula.-
La suerte del Gobierno estaba echada, el Club de Paris, no le perdonaría tal osadía. El Golpe maduró y ya habían encontrado a los esbirros que materializaría la violación constitucional.-
. A los 10 días de asumir la Presidencia del País el Fascista de Onganía, se eliminó el Decreto que afectaba a los Laboratorios, y se continuo vendiendo porquerías en los medicamentos a los cobayos argentinos.- inmediatamente se solicito un nuevo Crédito, endeudando más a la argentina, y cumpliendo expresas instrucciones de sus mandantes persiguió a los Científicos y mentes lúcidas (La noche de los Bastones Largos).-
Don Arturo U. ILLA, el gobernante que logró las mejores cifras de crecimiento argentino hasta ese momento, el nacionalista que se opuso a la requisitoria norteamericana de enviar tropas a la República Dominicana, un demócrata ejemplar, el defensor de la cultura y la autonomía Universitaria, que fueron a su caída, pisoteadas por los vándalos, el gobernante austero que a su muerte el único bien que tenía era su casa regalada por sus pacientes en Cruz del Eje, no contaba con automóvil, ni con cuentas bancarias. Su conducta moral, debería ser ejemplo a todos los funcionarios públicos. Cuando lo derrocaron salió con los bolsillos livianos.-
UN ABRAZO.-
FERNANDO GENESINI
Militante Radical (ex Concejal de Posadas)
EL GOLPE DEL 66
Por José Antonio Artusi y Ramiro Pereira
Es nuestra obligación recordar y condenar el golpe de estado del 28 de junio de 1966, resaltando las figuras ejemplares de los mandatarios derrocados en el orden nacional y provincial, evocando sus virtudes cívicas y haciendo votos por el fortalecimiento de la República Democrática, el afianzamiento de las instituciones estatales y su legitimidad ante la ciudadanía, legitimidad en orden a la transparencia y a las realizaciones: la revolución democrática que el pueblo quiere y espera.
Ha habido desde 1930 seis golpes de estado. Hace años se les llamaba golpes militares. Ahora, como si se descubriera gran cosa, con pretensiones de especificación se los denomina golpes cívico-militares. Hubo seis de esos golpes en la Argentina contra gobiernos constitucionales: 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976.
Recordar con prioridad el último de estos golpes es atendible: la tiranía atroz y sanguinaria que profundizó el terrorismo de Estado y lo llevó a niveles nunca vistos lo amerita. Y los radicales fuimos gobierno cuando se condenó a los responsables: aquí no hubo impunidad como la hubo en Uruguay, en Brasil, en Chile, en España. Los radicales ganamos en 1983 y prometimos y cumplimos: hicimos que hubiera juicios justos en el marco del estado de Derecho.
Pero vemos a veces con tristeza y preocupación que se enuncia en canales de televisión oficiales una línea de enlace entre los golpes de 1955 y 1976: en el medio, nada. gobiernos sin legitimidad, poco representativos, democracias semi-tuteladas.
En el infortunio de las luchas argentinas encontramos a nuestro partido apoyando el golpe de Estado de 1955. Había razones para ello, pero a la luz de la historia, ninguna que lo justifique. No hay justificación para los golpes de estado. Y por eso los Argentinos de hoy somos mejores que antes. ¿Y en 1966? Se podrá decir que era un gobierno minoritario: esto no es cierto; el 7 de julio de 1963 la Unión Cívica Radical del Pueblo obtuvo el 25,15% de los sufragios emitidos, frente al 19,42% de votos en blanco que expresaban al peronismo; con 169 sobre 239 votos del Colegio Electoral, la fórmula Illia-Perette fue elegida para el período constitucional 1963-1969, en momentos en que la elección era indirecta y no había segunda vuelta.
No nos vamos a detener en el Frente Nacional y Popular encabezado por el conservador Vicente Solano Lima. Si vamos a dejar sentado que en la provincia del Chaco, ocupó la gobernación un dignísimo hombre del justicialismo, Deolindo Felipe Bittel, y sobre todo, que en las elecciones legislativas de 1965 el peronismo pudo participar, tanto que se alzó con el triunfo en la provincia de Buenos Aires. No aquí en Entre Ríos, donde ganamos los radicales con la boleta encabezada por el victoriense Isidro Balbi, quien había presidido la comisión investigadora de los contratos petroleros suscriptos por el gobierno de Frondizi. En la Cámara de Diputados de la Nación, tras la contienda electoral sin proscripciones de 1965, la UCR del Pueblo quedó con 70 bancas y el peronismo con 52 escaños.
Pero lo cierto es que la apertura democrática iniciada con los radicales del pueblo se vio frustrada por la ciega incomprensión de la inmensa mayoría de los actores sociales, políticos y culturales. La falta de vocación democrática en la sociedad conspiró contra un partido que parecía viejo, gobernando en el marco de un sistema que parecía obsoleto: recordemos que estaban los fascinados por la aurora revolucionaria que emanaba de Cuba, que había pasado prontamente de una democratización pluralista al stalinismo caribeño. Ahí está “La hora de los hornos”, testimoniando en lo pertinente, el desprecio a la inmensa figura de Illia, cuyos afanes reformistas y progresistas eran desconocidos y ninguneados por quienes marchaban en política bajo un sendero luminoso de seguridades revolucionarias.
Y luego, los cultores del orden tecnocrático, las gentes de los tiempos: económico, social y luego político. El felón militar indigno que usurpó la presidencia de la Nación en 1966 era el representante de las fuerzas vivas que impondrían el orden para que la chusma, la masa, no se equivocara autogobernándose. Buena parte del peronismo apoyó ese golpe de estado. Es imposible no recordar a Vandor. Por eso enoja la liviandad con que a veces se trata al gobierno de Illia y a su figura, como si fuera un mero viejito bueno, un político honrado y nada más; y no un estadista incomparable que logró éxitos aún inigualados y defendió el interés nacional con lucidez y coraje.
Forma parte de las tantas "zonceras" argentinas sostener que Illia fue un político honesto y austero, a la vez que un gobernante ineficiente, lento, ineficaz, y cultor de ideas vetustas, incapaz de comprender las exigencias de los nuevos tiempos.
Algunos de sus propios detractores, en una sutil y hábil maniobra para desmerecer su estatura histórica, enfatizan deliberadamente su ejemplaridad ética precisamente para enmascarar o negar su gigantesca dimensión de estadista exitoso como pocos, poseedor de una cultura inusual en los gobernantes argentinos, profundo conocedor del mundo y sus problemas, imbuido de una lúcida visión de futuro de los desafíos del país y de su gente
Pocas zonceras como ésta, reflejada en el recordado mote de la "tortuga", están más lejos de la realidad.
Por eso, no repetiremos los lugares comunes referidos a su proverbial austeridad republicana y su inquebrantable honestidad administrativa. Nadie desconoce hoy que Illia se fue de la Casa Rosada más pobre que cuando entró, y que su única propiedad fue una casa donada por sus vecinos de Cruz del Eje, adquirida por suscripción popular. Pero sí muchos desconocen lo que fue capaz de hacer en tan breve lapso, desde el 12 de Octubre de 1963, en que asume la Presidencia de la República, hasta el 28 de Junio de 1966, en que es derrocado por un grupo de militares cuyo nombre quedará para siempre en la ignominia de la historia. En menos de 3 años, la "tortuga", entre otros muchos logros de gobierno;
- Eliminó las proscripciones al peronismo y al comunismo y se promulgaron penalidades a la discriminación y violencia racial.
- Promulgó la Ley 16.459, del salario mínimo, vital y móvil, previa a la constitución del Consejo del Salario, integrado por representantes del Gobierno, los empresarios y los sindicatos.
- Promovió la Ley de Abastecimiento, destinada a controlar los precios de la canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones.
- Cumpliendo estrictamente lo prometido en la campaña electoral, en la senda de Yrigoyen, Alvear y Mosconi, de defensa del petróleo argentino al servicio del desarrollo con autodeterminación, firmó los Decretos 744/63 y 745/63 que anulaban los contratos petroleros de Frondizi, por "vicios de ilegitimidad y ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación"; recuperando así la soberanía energética.
- Aumentó la incidencia de la educación en el Presupuesto Nacional. Del 12% en 1963, al 17% en 1964, y al 23% en 1965. Promovió la educación popular, laica, gratuita y obligatoria. Fortaleció la autonomía universitaria y jerarquizó los estudios superiores hasta niveles nunca superados después.
- Puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización.
- Promulgó la Ley 16.462, de medicamentos, también llamada Ley Oñativia en homenaje al Ministro de Salud Arturo Oñativia. Establecía una política de precios y de control de medicamentos, congelando los precios a los vigentes a fines de 1963, fijando límites para los gastos de propaganda, imponiendo límites a la posibilidad de realizar pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. La Ley de Medicamentos, al propio tiempo que promovía la industria de los laboratorios nacionales, disminuyó drásticamente el costo de los remedios medicinales, considerados un bien social.
- Hizo crecer la economía como nunca antes. El PBI, luego de un retroceso del -2,4% en 1963, creció un 10,3% en 1964 y un 9,1% en 1965. El Producto Bruto Industrial, luego de un retroceso de -4,1% en 1963, creció un 18,9% (sí, leyó bien, casi 19%) en 1964 y un 13,8% en 1965.
- Disminuyó la deuda externa, de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones.
- Hizo crecer el ingreso de los trabajadores: el salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%.
- Hizo bajar la desocupación: pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966.
- Se opuso a la intervención armada de los Estados Unidos en la República Dominicana. Obtuvo una resolución favorable en la ONU, que obligaba a Gran Bretaña a la discusión sobre la soberanía en las islas Malvinas, en el marco que orientaba la descolonización de todos los territorios hasta entonces sometidos a diversos grados de dominación imperialista.
- Fue un impulsor convencido de la planificación indicativa, con el Plan Nacional de Desarrollo, un riguroso modelo de transformación democrática de las estructuras económicas y sociales.
- Intentó modificar la ley de asociaciones profesionales: el manejo de los fondos se repartiría, de acuerdo con esa iniciativa, entre la central, la Federación provincial y el sindicato de base. Se estipulaba, asimismo, la participación de las minorías en las direcciones gremiales.
- Gobernó sin estado de sitio, combatió la incipiente insurgencia guerrillera con la fuerza de la ley, levantó proscripciones, y fue un celoso defensor de la independencia de los poderes y de la libertad de prensa.
- Promovió un activo desarrollo de la hidroelectricidad - impulsando entre otros el proyecto de la represa de Salto Grande - y la energía atómica
Vale la pena recordar que Ramiro Casasbellas, periodista de Primera Plana, publicación abanderada en escribir barbaridades contra el gobierno de Illia , reconocía tardíamente: “El gobierno de Don Arturo Illia no abusó un milímetro de sus poderes; en cambio, buena parte de los ciudadanos abusamos de los derechos que ese gobierno cuidó y afianzó con celo extraordinario. Al recato en el mandato lo denominamos ‘vacío de poder’; al irrestricto cumplimiento de las leyes, empezando por la máxima ‘formalidad democrática’; a la moderación ‘lentitud’; a la labor silenciosa y certera, sin autobombos ni desplantes, ‘ineficacia’ y ‘burocratismo’; al repudio de la demagogia, ‘sectarismo’; al ánimo de concordia, ‘falta de autoridad’; y a la severa reivindicación de una doctrina nacional, popular y cristiana, ‘exigencias de comité’. Éramos nosotros los sectarios, los que carecíamos de autoridad”.
Los opositores al gobierno de Illia, miopes y mezquinos en su gran mayoría, caricaturizaron y vilipendiaron su gobierno, ayudando a la conspiración de los grandes intereses transnacionales que alentaron su derrocamiento. De ciertos periodistas, de ciertos políticos, de la burocracia sindical, de las fuerzas armadas; la dignidad de la República todavía espera un mea culpa y una autocrítica.
El 28 de junio de 1966, en el medio de la indiferencia social, cayó una oportunidad que tuvo la Argentina de construirse como sociedad moderna, libertaria, con altos niveles de igualdad social.
Es nuestra obligación recordar y condenar el golpe de estado del 28 de junio de 1966, resaltando las figuras ejemplares de los mandatarios derrocados en el orden nacional y provincial, evocando sus virtudes cívicas y haciendo votos por el fortalecimiento de la República Democrática, el afianzamiento de las instituciones estatales y su legitimidad ante la ciudadanía, legitimidad en orden a la transparencia y a las realizaciones: la revolución democrática que el pueblo quiere y espera.
Ha habido desde 1930 seis golpes de estado. Hace años se les llamaba golpes militares. Ahora, como si se descubriera gran cosa, con pretensiones de especificación se los denomina golpes cívico-militares. Hubo seis de esos golpes en la Argentina contra gobiernos constitucionales: 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976.
Recordar con prioridad el último de estos golpes es atendible: la tiranía atroz y sanguinaria que profundizó el terrorismo de Estado y lo llevó a niveles nunca vistos lo amerita. Y los radicales fuimos gobierno cuando se condenó a los responsables: aquí no hubo impunidad como la hubo en Uruguay, en Brasil, en Chile, en España. Los radicales ganamos en 1983 y prometimos y cumplimos: hicimos que hubiera juicios justos en el marco del estado de Derecho.
Pero vemos a veces con tristeza y preocupación que se enuncia en canales de televisión oficiales una línea de enlace entre los golpes de 1955 y 1976: en el medio, nada. gobiernos sin legitimidad, poco representativos, democracias semi-tuteladas.
En el infortunio de las luchas argentinas encontramos a nuestro partido apoyando el golpe de Estado de 1955. Había razones para ello, pero a la luz de la historia, ninguna que lo justifique. No hay justificación para los golpes de estado. Y por eso los Argentinos de hoy somos mejores que antes. ¿Y en 1966? Se podrá decir que era un gobierno minoritario: esto no es cierto; el 7 de julio de 1963 la Unión Cívica Radical del Pueblo obtuvo el 25,15% de los sufragios emitidos, frente al 19,42% de votos en blanco que expresaban al peronismo; con 169 sobre 239 votos del Colegio Electoral, la fórmula Illia-Perette fue elegida para el período constitucional 1963-1969, en momentos en que la elección era indirecta y no había segunda vuelta.
No nos vamos a detener en el Frente Nacional y Popular encabezado por el conservador Vicente Solano Lima. Si vamos a dejar sentado que en la provincia del Chaco, ocupó la gobernación un dignísimo hombre del justicialismo, Deolindo Felipe Bittel, y sobre todo, que en las elecciones legislativas de 1965 el peronismo pudo participar, tanto que se alzó con el triunfo en la provincia de Buenos Aires. No aquí en Entre Ríos, donde ganamos los radicales con la boleta encabezada por el victoriense Isidro Balbi, quien había presidido la comisión investigadora de los contratos petroleros suscriptos por el gobierno de Frondizi. En la Cámara de Diputados de la Nación, tras la contienda electoral sin proscripciones de 1965, la UCR del Pueblo quedó con 70 bancas y el peronismo con 52 escaños.
Pero lo cierto es que la apertura democrática iniciada con los radicales del pueblo se vio frustrada por la ciega incomprensión de la inmensa mayoría de los actores sociales, políticos y culturales. La falta de vocación democrática en la sociedad conspiró contra un partido que parecía viejo, gobernando en el marco de un sistema que parecía obsoleto: recordemos que estaban los fascinados por la aurora revolucionaria que emanaba de Cuba, que había pasado prontamente de una democratización pluralista al stalinismo caribeño. Ahí está “La hora de los hornos”, testimoniando en lo pertinente, el desprecio a la inmensa figura de Illia, cuyos afanes reformistas y progresistas eran desconocidos y ninguneados por quienes marchaban en política bajo un sendero luminoso de seguridades revolucionarias.
Y luego, los cultores del orden tecnocrático, las gentes de los tiempos: económico, social y luego político. El felón militar indigno que usurpó la presidencia de la Nación en 1966 era el representante de las fuerzas vivas que impondrían el orden para que la chusma, la masa, no se equivocara autogobernándose. Buena parte del peronismo apoyó ese golpe de estado. Es imposible no recordar a Vandor. Por eso enoja la liviandad con que a veces se trata al gobierno de Illia y a su figura, como si fuera un mero viejito bueno, un político honrado y nada más; y no un estadista incomparable que logró éxitos aún inigualados y defendió el interés nacional con lucidez y coraje.
Forma parte de las tantas "zonceras" argentinas sostener que Illia fue un político honesto y austero, a la vez que un gobernante ineficiente, lento, ineficaz, y cultor de ideas vetustas, incapaz de comprender las exigencias de los nuevos tiempos.
Algunos de sus propios detractores, en una sutil y hábil maniobra para desmerecer su estatura histórica, enfatizan deliberadamente su ejemplaridad ética precisamente para enmascarar o negar su gigantesca dimensión de estadista exitoso como pocos, poseedor de una cultura inusual en los gobernantes argentinos, profundo conocedor del mundo y sus problemas, imbuido de una lúcida visión de futuro de los desafíos del país y de su gente
Pocas zonceras como ésta, reflejada en el recordado mote de la "tortuga", están más lejos de la realidad.
Por eso, no repetiremos los lugares comunes referidos a su proverbial austeridad republicana y su inquebrantable honestidad administrativa. Nadie desconoce hoy que Illia se fue de la Casa Rosada más pobre que cuando entró, y que su única propiedad fue una casa donada por sus vecinos de Cruz del Eje, adquirida por suscripción popular. Pero sí muchos desconocen lo que fue capaz de hacer en tan breve lapso, desde el 12 de Octubre de 1963, en que asume la Presidencia de la República, hasta el 28 de Junio de 1966, en que es derrocado por un grupo de militares cuyo nombre quedará para siempre en la ignominia de la historia. En menos de 3 años, la "tortuga", entre otros muchos logros de gobierno;
- Eliminó las proscripciones al peronismo y al comunismo y se promulgaron penalidades a la discriminación y violencia racial.
- Promulgó la Ley 16.459, del salario mínimo, vital y móvil, previa a la constitución del Consejo del Salario, integrado por representantes del Gobierno, los empresarios y los sindicatos.
- Promovió la Ley de Abastecimiento, destinada a controlar los precios de la canasta familiar y la fijación de montos mínimos de jubilaciones y pensiones.
- Cumpliendo estrictamente lo prometido en la campaña electoral, en la senda de Yrigoyen, Alvear y Mosconi, de defensa del petróleo argentino al servicio del desarrollo con autodeterminación, firmó los Decretos 744/63 y 745/63 que anulaban los contratos petroleros de Frondizi, por "vicios de ilegitimidad y ser dañosos a los derechos e intereses de la Nación"; recuperando así la soberanía energética.
- Aumentó la incidencia de la educación en el Presupuesto Nacional. Del 12% en 1963, al 17% en 1964, y al 23% en 1965. Promovió la educación popular, laica, gratuita y obligatoria. Fortaleció la autonomía universitaria y jerarquizó los estudios superiores hasta niveles nunca superados después.
- Puso en marcha el Plan Nacional de Alfabetización.
- Promulgó la Ley 16.462, de medicamentos, también llamada Ley Oñativia en homenaje al Ministro de Salud Arturo Oñativia. Establecía una política de precios y de control de medicamentos, congelando los precios a los vigentes a fines de 1963, fijando límites para los gastos de propaganda, imponiendo límites a la posibilidad de realizar pagos al exterior en concepto de regalías y de compra de insumos. La Ley de Medicamentos, al propio tiempo que promovía la industria de los laboratorios nacionales, disminuyó drásticamente el costo de los remedios medicinales, considerados un bien social.
- Hizo crecer la economía como nunca antes. El PBI, luego de un retroceso del -2,4% en 1963, creció un 10,3% en 1964 y un 9,1% en 1965. El Producto Bruto Industrial, luego de un retroceso de -4,1% en 1963, creció un 18,9% (sí, leyó bien, casi 19%) en 1964 y un 13,8% en 1965.
- Disminuyó la deuda externa, de 3.400 millones de dólares a 2.600 millones.
- Hizo crecer el ingreso de los trabajadores: el salario real horario creció entre diciembre de 1963 y diciembre de 1964 un 9,6%.
- Hizo bajar la desocupación: pasó de 8,8% en 1963 a 5,2% en 1966.
- Se opuso a la intervención armada de los Estados Unidos en la República Dominicana. Obtuvo una resolución favorable en la ONU, que obligaba a Gran Bretaña a la discusión sobre la soberanía en las islas Malvinas, en el marco que orientaba la descolonización de todos los territorios hasta entonces sometidos a diversos grados de dominación imperialista.
- Fue un impulsor convencido de la planificación indicativa, con el Plan Nacional de Desarrollo, un riguroso modelo de transformación democrática de las estructuras económicas y sociales.
- Intentó modificar la ley de asociaciones profesionales: el manejo de los fondos se repartiría, de acuerdo con esa iniciativa, entre la central, la Federación provincial y el sindicato de base. Se estipulaba, asimismo, la participación de las minorías en las direcciones gremiales.
- Gobernó sin estado de sitio, combatió la incipiente insurgencia guerrillera con la fuerza de la ley, levantó proscripciones, y fue un celoso defensor de la independencia de los poderes y de la libertad de prensa.
- Promovió un activo desarrollo de la hidroelectricidad - impulsando entre otros el proyecto de la represa de Salto Grande - y la energía atómica
Vale la pena recordar que Ramiro Casasbellas, periodista de Primera Plana, publicación abanderada en escribir barbaridades contra el gobierno de Illia , reconocía tardíamente: “El gobierno de Don Arturo Illia no abusó un milímetro de sus poderes; en cambio, buena parte de los ciudadanos abusamos de los derechos que ese gobierno cuidó y afianzó con celo extraordinario. Al recato en el mandato lo denominamos ‘vacío de poder’; al irrestricto cumplimiento de las leyes, empezando por la máxima ‘formalidad democrática’; a la moderación ‘lentitud’; a la labor silenciosa y certera, sin autobombos ni desplantes, ‘ineficacia’ y ‘burocratismo’; al repudio de la demagogia, ‘sectarismo’; al ánimo de concordia, ‘falta de autoridad’; y a la severa reivindicación de una doctrina nacional, popular y cristiana, ‘exigencias de comité’. Éramos nosotros los sectarios, los que carecíamos de autoridad”.
Los opositores al gobierno de Illia, miopes y mezquinos en su gran mayoría, caricaturizaron y vilipendiaron su gobierno, ayudando a la conspiración de los grandes intereses transnacionales que alentaron su derrocamiento. De ciertos periodistas, de ciertos políticos, de la burocracia sindical, de las fuerzas armadas; la dignidad de la República todavía espera un mea culpa y una autocrítica.
El 28 de junio de 1966, en el medio de la indiferencia social, cayó una oportunidad que tuvo la Argentina de construirse como sociedad moderna, libertaria, con altos niveles de igualdad social.
domingo, 13 de junio de 2010
“EL RETORNO AL RADICALISMO”
Por Ing. Mario Jaraz
Cuando comentábamos el acto realizado en el Estadio del Club Ferrocarril Oeste de la ciudad de Buenos Aires, dijimos que teníamos la sensación de que el proceso de recuperación de la Unión Cívica Radical había culminado y que se estaba ingresando al período en el cual el desafío era conquistar a la gente.
En primera instancia a la militante radical y luego a la sociedad en general. La gente era la que formularía el veredicto definitivo y determinaría con su decisión sobre la validez del esfuerzo. La gente era la que debía formular su aprobación aceptando nuevamente a la UCR como un partido político capaz de significar una alternativa válida frente a las otras agrupaciones políticas vigentes en el espectro nacional.
La primera prueba ya se había pasado satisfactoriamente cuando integrando el Acuerdo Cívico y Social se había tenido una trascendente participación en el acto eleccionario realizado el año 2009 para renovar Legisladores, pero esto por si mismo no bastaba.
El radicalismo se debía a si mismo la posibilidad de verificar si en los distritos electorales en los que debido a causas ya conocidas, había perdido su caudal electoral, la sociedad estaba dispuesta a volver a brindarle nuevas oportunidades.
Este nuevo período requeriría de acciones de características diferentes a las llevadas a cabo en el tiempo de la profunda crisis.
Este era el nuevo desafío para la dirigencia y la militancia radical que siempre creyó en las bondades de su partido.
Había que diseñar acciones aptas para seducir a la gente, para despertar expectativas positivas, para recuperar la confianza.
Había terminado con buen resultado un tiempo difícil y comenzaba otro tan arduo como el anterior pero con el agregado de que los fantasmas o los impulsos disgregadores aún no se habían disipado totalmente.
En aquel tiempo, en el que muchos consideraron ilusoria la pretensión e inútil el esfuerzo, con mucho trabajo, con gran convicción, con aciertos y errores se logró reordenar la organización afianzando su conformación de partido nacional, el respeto a su base doctrinaria y un acuerdo no escrito entre los principales dirigentes de intentar trabajar en común en la búsqueda de los espacios perdidos.
También como referencia de la finalización de una etapa podemos exponer el hecho de que, salvo alguna muy puntual excepción, se habían recompuesto los diferentes distritos de la Nación, el funcionamiento partidario era prácticamente normal con todos sus organizaciones internas actuando y en todos ellos bregando por la concreción del objetivo común diseñado, tratando asimismo de conseguir la armonización de la relación entre los propios radicales, un fuerte trabajo de difusión doctrinaria y la necesidad de fortificar la vocación de poder como actitud imprescindible para acceder al poder.
El éxito de este nuevo período de trabajo dependerá de la inteligencia con que la dirigencia se maneje frente a cuestiones que se pueden presentar que requerirán de todos grandeza, humildad, mucho sentido común y gran sapiencia.
Se tomó la decisión de aceptar la posibilidad del retorno al partido sin condiciones, de aquellos que habían optado por otra opción política. Actitud sin dudas riesgosa.
No todos estaban o todavía hoy están dispuestos a aceptar que “se borre con el codo lo que se escribe con la mano” o que la lucha en defensa de la lealtad que hasta ayer fuera bandera de resistencia, de golpe sea totalmente abandonada dándose como toda explicación que se lo hacía “en nombre de la unidad del partido”.
Se pueden generar cuestiones internas de difícil manejo, ya que al no realizarse el debate tendiente a dilucidar los problemas que provocaron la deserción o el alejamiento del partido de parte de algunos, la relación entre quienes se habían quedado en el partido y quienes habían optado por otras opciones, aunque la dirigencia pretenda ignorarla, es un tema pendiente y muy conflictivo no pudiendo nadie obviar que lo que estuvo en juego fueron principios esenciales del radicalismo fundamentalmente aquellos que entornan la lucha por el acceso al poder a la ética partidaria.
En el pensamiento de muchos subsistía la duda de como se presentaría el retorno.
¿Retornaría la dirigencia radical de su no disimulada “peronización”? ¿Existirá en todos la decisión de aceptar el rigor de una conducta incapaz de concesiones cuando lo que están en juego los son principios que le dan razón del ser al radicalismo?,
Estas siguen siendo preguntas sin respuestas aún cuando muchas pudieron quedar visualizadas cuando se realizó la renovación de la conducción del Comité Nacional, momento en el que se produjeron las primeras pujas entre los sectores que se identificaban con la conducción anterior y aquellos que responden a lo que se ha dado en llamar el “cobismo”.
Este hecho demostró que persisten diferencias sobre las que se deberá seguir trabajando.
El llamado a elecciones internas para determinar la nueva conducción partidaria en la provincia de Buenos Aires produjo una aceleración de tiempos y una toma de posiciones cuyos resultados tendrán influencia determinante en el futuro.
Un grupo de dirigentes llevando como cabeza al Dr. Ricardo Alfonsín no tuvo dudas y optó rápidamente por las elecciones internas porque entendió que si se deseaba recuperar en primera instancia al afiliado resultaba primordial brindarle la oportunidad de sentirse protagonista de su propio partido y se lanzó, junto a sus adherentes, con total convencimiento, a dar pelea en el quizás más difícil de los escenarios porque le tocaba confrontar con aquellos que a lo largo del tiempo habían logrado una hegemonía casi excluyente en el manejo partidario.
Lo más trascendente y significativo de su plan de acción, y que esperemos sea tomado muy en cuenta por toda la dirigencia radical del país, fue construir su discurso apelando a los fundamentos que dieran origen, hace más de cien años, a la Unión Cívica Radical.
Sin dejar de mencionar la importancia de la militancia, invocaba en forma permanente la necesidad de la fidelidad a los postulados doctrinarios, a la lealtad constante y a la importancia de hacer de la pertenencia una religión promotora de acciones reivindicativas de la política como herramienta positiva para la búsqueda de la solución de los problemas de la sociedad, especialmente el referido a la dignidad de todos y cada uno de sus integrantes.
A partir de este discurso provocador del retorno al diálogo, sugerente de la posibilidad inserta en un abanico de ideas que priorizan los problemas de la gente y sus soluciones, Alfonsin logró crear el clima propicio para impactar la emoción del radical y revalorizar en cada uno la autoestima tan venida a menos luego de los continuos contrastes vividos.
Y se impuso en las internas, triunfo que, por los conceptos vertidos y las formas utilizadas podemos presentar como “la vuelta del radicalismo al radicalismo”.
Como decíamos, el nuevo tiempo se aceleró. La dinámica de los acontecimientos pudo más que la estrategia de los dirigentes. El emprendimiento llevado a cabo por Ricardo Alfonsin, llevado a cabo con la tradicional y típica osadía radical que en el transcurso de la historia fuera la base de la creación de una mística especial que se sustentaba en una gran rigidez conceptual y una innegociable creencia en los valores que los habían convocado, obligará a repensar estrategias, armados y propuestas.
Pero viene bien.
El radicalismo posee los hombres capaces para enfrentar el momento.
Diseñar con inteligencia las propuestas más aptas es una tarea que se simplifica, porque si el deseo, el interés, es seducir al electorado para triunfar, seguramente que junto a los tradicionales aliados, el marco de desarrollo no deberá exceder el ámbito de una ideología inclusiva, participativa, que luche por la igualdad de oportunidades, la vigencia real de la libertad y teniendo siempre como centro al hombre y su dignidad y eso lo encontrará en su propia ideología progresista, social demócrata y radical.
No hay tiempo para confusiones, si para debates.
No hay posibilidades de éxito sino se le propone a la gente algo distinto y mejor y la certeza de la capacidad para la realización.
No hay tiempo para discursos vacuos.
Es tiempo de responsabilidades, de propuestas con alto contenido ideológico, simple entendimiento y sustentables en el tiempo.
Ser modernos significa tener la capacidad de entender la evolución como una constante producto de la inteligencia humana y tener la presteza para que esa evolución signifique progreso, bienestar y prosperidad para todos los habitantes de nuestro país.
Sin excluidos. Sin discriminados. Sin privilegiados.
Entonces estaremos cumpliendo con lo que decía Moisés Lebensohn: “Conducta para que nos crean”
Entonces habremos vuelto al radicalismo, y más allá de circunstanciales resultados electorales podremos decir que la Unión Cívica Radical ha vuelto y está más viva que nunca.
Cuando comentábamos el acto realizado en el Estadio del Club Ferrocarril Oeste de la ciudad de Buenos Aires, dijimos que teníamos la sensación de que el proceso de recuperación de la Unión Cívica Radical había culminado y que se estaba ingresando al período en el cual el desafío era conquistar a la gente.
En primera instancia a la militante radical y luego a la sociedad en general. La gente era la que formularía el veredicto definitivo y determinaría con su decisión sobre la validez del esfuerzo. La gente era la que debía formular su aprobación aceptando nuevamente a la UCR como un partido político capaz de significar una alternativa válida frente a las otras agrupaciones políticas vigentes en el espectro nacional.
La primera prueba ya se había pasado satisfactoriamente cuando integrando el Acuerdo Cívico y Social se había tenido una trascendente participación en el acto eleccionario realizado el año 2009 para renovar Legisladores, pero esto por si mismo no bastaba.
El radicalismo se debía a si mismo la posibilidad de verificar si en los distritos electorales en los que debido a causas ya conocidas, había perdido su caudal electoral, la sociedad estaba dispuesta a volver a brindarle nuevas oportunidades.
Este nuevo período requeriría de acciones de características diferentes a las llevadas a cabo en el tiempo de la profunda crisis.
Este era el nuevo desafío para la dirigencia y la militancia radical que siempre creyó en las bondades de su partido.
Había que diseñar acciones aptas para seducir a la gente, para despertar expectativas positivas, para recuperar la confianza.
Había terminado con buen resultado un tiempo difícil y comenzaba otro tan arduo como el anterior pero con el agregado de que los fantasmas o los impulsos disgregadores aún no se habían disipado totalmente.
En aquel tiempo, en el que muchos consideraron ilusoria la pretensión e inútil el esfuerzo, con mucho trabajo, con gran convicción, con aciertos y errores se logró reordenar la organización afianzando su conformación de partido nacional, el respeto a su base doctrinaria y un acuerdo no escrito entre los principales dirigentes de intentar trabajar en común en la búsqueda de los espacios perdidos.
También como referencia de la finalización de una etapa podemos exponer el hecho de que, salvo alguna muy puntual excepción, se habían recompuesto los diferentes distritos de la Nación, el funcionamiento partidario era prácticamente normal con todos sus organizaciones internas actuando y en todos ellos bregando por la concreción del objetivo común diseñado, tratando asimismo de conseguir la armonización de la relación entre los propios radicales, un fuerte trabajo de difusión doctrinaria y la necesidad de fortificar la vocación de poder como actitud imprescindible para acceder al poder.
El éxito de este nuevo período de trabajo dependerá de la inteligencia con que la dirigencia se maneje frente a cuestiones que se pueden presentar que requerirán de todos grandeza, humildad, mucho sentido común y gran sapiencia.
Se tomó la decisión de aceptar la posibilidad del retorno al partido sin condiciones, de aquellos que habían optado por otra opción política. Actitud sin dudas riesgosa.
No todos estaban o todavía hoy están dispuestos a aceptar que “se borre con el codo lo que se escribe con la mano” o que la lucha en defensa de la lealtad que hasta ayer fuera bandera de resistencia, de golpe sea totalmente abandonada dándose como toda explicación que se lo hacía “en nombre de la unidad del partido”.
Se pueden generar cuestiones internas de difícil manejo, ya que al no realizarse el debate tendiente a dilucidar los problemas que provocaron la deserción o el alejamiento del partido de parte de algunos, la relación entre quienes se habían quedado en el partido y quienes habían optado por otras opciones, aunque la dirigencia pretenda ignorarla, es un tema pendiente y muy conflictivo no pudiendo nadie obviar que lo que estuvo en juego fueron principios esenciales del radicalismo fundamentalmente aquellos que entornan la lucha por el acceso al poder a la ética partidaria.
En el pensamiento de muchos subsistía la duda de como se presentaría el retorno.
¿Retornaría la dirigencia radical de su no disimulada “peronización”? ¿Existirá en todos la decisión de aceptar el rigor de una conducta incapaz de concesiones cuando lo que están en juego los son principios que le dan razón del ser al radicalismo?,
Estas siguen siendo preguntas sin respuestas aún cuando muchas pudieron quedar visualizadas cuando se realizó la renovación de la conducción del Comité Nacional, momento en el que se produjeron las primeras pujas entre los sectores que se identificaban con la conducción anterior y aquellos que responden a lo que se ha dado en llamar el “cobismo”.
Este hecho demostró que persisten diferencias sobre las que se deberá seguir trabajando.
El llamado a elecciones internas para determinar la nueva conducción partidaria en la provincia de Buenos Aires produjo una aceleración de tiempos y una toma de posiciones cuyos resultados tendrán influencia determinante en el futuro.
Un grupo de dirigentes llevando como cabeza al Dr. Ricardo Alfonsín no tuvo dudas y optó rápidamente por las elecciones internas porque entendió que si se deseaba recuperar en primera instancia al afiliado resultaba primordial brindarle la oportunidad de sentirse protagonista de su propio partido y se lanzó, junto a sus adherentes, con total convencimiento, a dar pelea en el quizás más difícil de los escenarios porque le tocaba confrontar con aquellos que a lo largo del tiempo habían logrado una hegemonía casi excluyente en el manejo partidario.
Lo más trascendente y significativo de su plan de acción, y que esperemos sea tomado muy en cuenta por toda la dirigencia radical del país, fue construir su discurso apelando a los fundamentos que dieran origen, hace más de cien años, a la Unión Cívica Radical.
Sin dejar de mencionar la importancia de la militancia, invocaba en forma permanente la necesidad de la fidelidad a los postulados doctrinarios, a la lealtad constante y a la importancia de hacer de la pertenencia una religión promotora de acciones reivindicativas de la política como herramienta positiva para la búsqueda de la solución de los problemas de la sociedad, especialmente el referido a la dignidad de todos y cada uno de sus integrantes.
A partir de este discurso provocador del retorno al diálogo, sugerente de la posibilidad inserta en un abanico de ideas que priorizan los problemas de la gente y sus soluciones, Alfonsin logró crear el clima propicio para impactar la emoción del radical y revalorizar en cada uno la autoestima tan venida a menos luego de los continuos contrastes vividos.
Y se impuso en las internas, triunfo que, por los conceptos vertidos y las formas utilizadas podemos presentar como “la vuelta del radicalismo al radicalismo”.
Como decíamos, el nuevo tiempo se aceleró. La dinámica de los acontecimientos pudo más que la estrategia de los dirigentes. El emprendimiento llevado a cabo por Ricardo Alfonsin, llevado a cabo con la tradicional y típica osadía radical que en el transcurso de la historia fuera la base de la creación de una mística especial que se sustentaba en una gran rigidez conceptual y una innegociable creencia en los valores que los habían convocado, obligará a repensar estrategias, armados y propuestas.
Pero viene bien.
El radicalismo posee los hombres capaces para enfrentar el momento.
Diseñar con inteligencia las propuestas más aptas es una tarea que se simplifica, porque si el deseo, el interés, es seducir al electorado para triunfar, seguramente que junto a los tradicionales aliados, el marco de desarrollo no deberá exceder el ámbito de una ideología inclusiva, participativa, que luche por la igualdad de oportunidades, la vigencia real de la libertad y teniendo siempre como centro al hombre y su dignidad y eso lo encontrará en su propia ideología progresista, social demócrata y radical.
No hay tiempo para confusiones, si para debates.
No hay posibilidades de éxito sino se le propone a la gente algo distinto y mejor y la certeza de la capacidad para la realización.
No hay tiempo para discursos vacuos.
Es tiempo de responsabilidades, de propuestas con alto contenido ideológico, simple entendimiento y sustentables en el tiempo.
Ser modernos significa tener la capacidad de entender la evolución como una constante producto de la inteligencia humana y tener la presteza para que esa evolución signifique progreso, bienestar y prosperidad para todos los habitantes de nuestro país.
Sin excluidos. Sin discriminados. Sin privilegiados.
Entonces estaremos cumpliendo con lo que decía Moisés Lebensohn: “Conducta para que nos crean”
Entonces habremos vuelto al radicalismo, y más allá de circunstanciales resultados electorales podremos decir que la Unión Cívica Radical ha vuelto y está más viva que nunca.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)